Roger Federer sigue burlando al tiempo

Quien diga que después de dos décadas en un mismo oficio es difícil encontrar nuevas motivaciones, claramente no conoce a Roger Federer.

En el comienzo de su temporada 21 en el tenis profesional, con 37 años, y dueño de un legado único en el tenis, el tenista suizo comenzó este año con cinco victorias en apenas tres días y de esta forma clasificó a la final de la Copa Hopman, certamen que se disputa por países y en el que podría coronarse por tercera vez en su carrera mañana al lado de su compatriota Belinca Bencic.

Federer y su compañera dejaron en el camino en fase de grupos a Estados Unidos, Grecia y Gran Bretaña.

Para poner un poco en contexto la mentada longevidad del helvético: Bencic, la escudera de Roger en el torneo y con quien ganó la edición 2018, tiene 21 años, la misma edad que tenía Martina Hingis, con quien Federer ganó su primera Copa Hopman en 2001.

Hingis se retiró del tenis individual en 2007 y estuvo activa en el cuadro de dobles mixtos hasta 2017. Y mientras tanto, el ganador de 20 títulos de Grand Slam sigue campante por el circuito profesional e incluso todo parece apuntar a que jugará la temporada sobre arcilla, algo que no hace desde 2016 y que es la mejor evidencia de que se siente en plenitud física y mental.

Pero ¿qué lo impulsa a seguir exigiéndose aún después de tantos años y éxitos?

En una entrevista reciente entregada a este medio, el extenista argentino David Nalbandián, una de las mejores raquetas en el continente y quien se dio el lujo de vencer varias veces a Federer, arrojó algunas luces que permiten entender por qué el suizo sigue vigente:

“El tenista es el deportista de más sacrificios personales y familiares. Por ejemplo, uno puede pasar años sin estar en Navidad con la familia. Por eso, una vez piensas reiteradamente en todo lo que has sacrificado, el retiro es casi una decisión inevitable”.

Ahí puede estar la principal clave de Federer, pues el suizo se las arregló para viajar a varios torneos de la temporada con su esposa, cuatro hijos, maestras y profesores.

“Un día, cenando con Mirka (su esposa) le pregunté que si consideraba justo mi retiro para poder ayudarla. Yo estaba dipuesto. Pero ella me dijo que lo justo era que encontráramos la forma para estar en equilibrio familiar mientras yo seguía con posibilidad de ganar títulos”, contó recientemente a la BBC.

Y el mundo del tenis agradece esa armonía familiar que le permite acariciar la pelota con la raqueta y seguir haciendo lo que parece imposible

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